Venga le cuento, veci.
Esta marca nace de una costumbre, bajar a la esquina, pedir un café y quedarse un rato más del que uno tenía pensado. En Bogotá vivimos esto todos los días, y en todos los barrios. Casi nadie lo llama cultura cafetera, pero lo es.
Colombia produce de los mejores cafés del mundo y manda casi todo para afuera. Veci existe para que ese café por el que nos conocen allá también se tome acá, en la cuadra, en el día a día.
El oso y la silla
El oso es calma, nobleza, estar ahí. La silla es la pausa, sentarse, conversar, quedarse un rato más. Dicen lo mismo por caminos distintos, y es lo único que le pedimos a un café, un momento de respiro, una buena charla, el apreciar el momento.
Eso es todo, veci. Lo demás está en la taza.


